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Por amor al arte

Miércoles, 27 de Julio de 2011

Todo apunta a que a finales de Julio veremos publicado el nuevo proyecto discográfico de Carles Dénia, El Paradís de les Paraules (Comboi Records 2011). Es un disco que ha generado una pequeña historia de deseo antes de salir, desde que el primer intento de grabarlo en 2010 se viniera abajo por la imposibilidad de compaginar la agenda de actuaciones de los músicos. Este retraso produjo en su público, que no ha dejado de crecer desde el primer trabajo, Tan Alta Com Va La Lluna (Comboi/2008), y en la crítica especializada, Sons, Interfolk, Caramella, Vilaweb y La Caseta del Plater, que ya lo ha reseñado mayoritariamente en sus artículos, una creativa ansiedad que ha ido de alguna manera alimentando el fuego del estreno durante este tiempo. Pero no es de eso de lo que quiero hablar esta vez. Voy a intentar explicar el motivo por el que Comboi se ha embarcado en esta bonita y arriesgada empresa con Carles Dénia, y, la palabra que lo sintetiza es, emocional.

La idea de musicar a los poetas árabes valencianos me la comunicó en una conversación telefónica, y ya sonaba bien así, dejada caer. Conociendo las posibilidades musicales y creativas de Carles aquello podría llegar a ser un crac. Cuando escuchamos las primeras maquetas, unos meses más tarde, nos dimos cuenta que estábamos ante algo distinto y de una belleza radical, que no encajaba ni en el folk, ni en la música tradicional, ni en la cançó, ni en el flamenco, ni en la clásica, y sin embargo flotaba en el trabajo un aire de todo ello. Se apreciaba también en la estructura de las canciones la influencia de la música contemporánea y del jazz, que Carles admira profundamente y conoce. En algunos temas hay movimientos internos, como en una suite, que dan plasticidad, perspectiva y color. De tal manera que nos emocionó por la naturalidad y la libertad con la que había logrado integrar todo eso en unas composiciones musicales de altura, que beben de varios lenguajes sin ser una fusión de estilos, otorgando a la obra una profunda modernidad. Y pensamos de inmediato que valía la pena meterse en ese lío por puro entusiasmo, y que no había que escatimar nada para editarlo. Nos emocionó también la capacidad de contextualizar el ideario de los poetas, tipos lúdicos y sensuales de distintas condiciones sociales, que debieron quedar prendados con el jardín que tenían delante, y que idealizaron en sus versos. Carles consigue situar en el aquí y ahora todo ese mensaje, renovando con su cante la pasión con la que escribieron aquellos hombres de los siglos X al XIII, y haciendo suya la añoranza que debieron sentir cuando al fin, perdieron aquel paraíso.

Desde las primeras conversaciones con Carles, coincidimos en que una buena grabación era un elemento imprescindible para sacarle todo el partido posible a esas partituras que había escrito para cada instrumento, como un artesano. Buscamos un estudio apropiado, Tigruss, en Gandía, con las buenas máquinas y el buen criterio de Pep Gomar, y fichamos a Quique Morales para la mezcla y la microfonía. La masterización, clave para equilibrar el arte final ya empaquetado, no dudamos en asignarla de nuevo a ese mago del sur que es Mario G. Alberni (Kadifornia Mastering). Apalabramos el alquiler de un piano de media cola en Clemente, para una semana.Teníamos listos los músicos y también los instrumentos apropiados: Carles, Mario Más, Albert Sanz, Cristobal Rentero, Aleix Tobías y Efren López. Se presentaron con una furgoneta cargada de laúdes, bandurrias, tambores, guitarras, todo tipo de artefactos de percusión, y hasta un mítico B4 de Hammond, el día convenido. La banda venía de ensayar, encerrada en un apartamento, pero en ningún momento se paró de corregir partituras o de plantear nuevos arreglos en el transcurso de la grabación. Entre comidas, en cualquier sitio. Como buena parte del repertorio está cuajada de pasajes abiertos a la improvisación de algún instrumento, había que definir lo que en los directos de la banda constituirá ese elemento mágico de comunicación con el público que todos los músicos veneran, y que no es más que la complicidad entre la banda y el respetable, en un día de gracia. Al fin nos pusimos a trabajar. El ambiente era de profesionales que se respetan y aman lo que hacen. Había una semana por delante y un fin de semana más de reserva. Y se logró. Se trabajó hasta el último minuto y Carles se llevó las pistas para hacer una premezcla tranquilo y cantar a solas, en su casa.

Como esto había que rematarlo bien, pensamos en presentarlo con un diseño que estuviera muy cercano al contenido, ingenuo y sofisticado al tiempo, cargado de simbolismo y sobre todo del agrado de Carles, que veía esa parte como una continuidad de su trabajo. Y así lo hicimos gracias a las magníficas ilustraciones y la portada del disco, que Sebastián Dénia pintó para su hermano.

Hay poco más que contar. El aficionado que lo compre juzgará lo que considere, pero vaya por delante el esmero, el amor y la pasión por la belleza con la que hemos fabricado este sueño a varias voces. Como dice la canción, no estamos locos y sabemos lo que queremos…

Carles Carrasco/Comboi 2011

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